La fama de Behemoth llegó a los desiertos de Arabia, donde los hombres alteraron y magnificaron su imagen. De hipopótamo o elefante lo hicieron pez que se mantiene sobre un agua sin fondo y sobre el pez imaginaron un toro y sobre el toro una montaña hecha de rubí y sobre la montaña un ángel y sobre el angel seis infiernos y sobre los infiernos la tierra y sobre los infiernos la Tierra y sobre la Tierra siete cielos. Leemos en una traducción recogida por Lane:
jueves 13 de diciembre de 2007
Bahamut
domingo 9 de diciembre de 2007
Descripción de un estado físico
Una sensación de quemadura ácida en los miembros, músculos retorcidos e incendiados, el sentimiento de ser un vidrio frágil, un miedo, una retracción ante el movimiento y el ruido. Un inconsciente desarreglo al andar, en los gestos, en los movimientos. Una voluntad tendida en perpetuidad para los más simples gestos,la renuncia al gesto simple, una fatiga sorprendente y central, una suerte de fatiga aspirante. Los movimientos a rehacer, una suerte de fatiga mortal, de fatiga espiritual en la más simple tensión muscular, el gesto de tomar, de prenderse inconscientemente a cualquier cosa, sostenida por una voluntad aplicada. Una fatiga de principio del mundo, la sensación de estar cargando el cuerpo, un sentimiento de increíble fragilidad, que se transforma en rompiente dolor, un estado de entorpecimiento doloroso, de entorpecimiento localizado en la piel, que no prohibe ningún movimiento, pero que cambia el sentimiento interno de un miembro, y a la simple posición vertical le otorga el premio de un esfuerzo victorioso. Localizado probablemente en la piel, pero sentido como la supresión radical de un miembro y presentando al cerebro sólo imágenes de miembros filiformes y algodonosos, lejanas imágenes de miembros nunca en su sitio. La suerte de ruptura interna de la correspondencia de todos los nervios. Un vértigo en movimiento, una especie de caída oblicua acompañando cualquier esfuerzo, una coagulación de calor que encierra toda la extensión del cráneo, o se rompe a pedazos, placas de calor nunca quietas. Una exacerbación dolorosa del cráneo, una cortante presión de los nervios, la nuca empeñada en sufrir, las sienes que se cristalizan o se petrifican, una cabeza hollada por caballos. Ahora tendría que hablar de la descoporización de la realidad, de esa especie de ruptura aplicada, que parece multiplicarse ella misma entre las cosas y el sentimiento que producen en nuestro espíritu, el sitio que se toman. Esta clasificación instántanea de las cosas en las células del espíritu, existe no tanto como un orden lógico, sino como un orden sentimental, afectivo. Que ya no se hace: las cosas no tienen ya olor, no tienen sexo. Pero su orden lógico a veces se rompe por su falta de aliento afectivo. Las palabras se pudren en el llamado inconsciente del cerebro, todas las palabras por no importa qué operación mental, y sobre todo aquellas que tocan los resortes más habituales, los más activos del espíritu.Un vientre aplanado. Un vientre de polvo fino y como en foco. Debajo del vientre una granada reventada. La granada expande un flujo de copos que se eleva como lenguas de fuego, un fuego helado. El flujo se agarra del vientre y lo hace girar. Pero el vientre no da más vueltas. Son venas de sangre como vino, de sangre combinada con azufre y azafrán pero con un azufre endulzado con agua. Sobre el vientre sobresalen los senos. Y más hacia arriba y en profundidad, pero en otro plano del espíritu un sol enardecido de manera que se podría pensar que es el seno el que arde. Y un pájaro al pie de la granada. El sol parece que tuviera una mirada. Pero una mirada que estaría mirando el sol. Y el aire todo es una como una melodía gélida pero una extensa, honda melodía bien compuesta y secreta y colmada de ramificaciones congeladas. Y todo construido con columnas, y con una especie de aguada arquitectónica que une el vientre con la realidad. La tela está ahuecada y estratificada. La pintura está muy prensada a la tela. Es como un círculo que se cierra sobre sí mismo, una suerte de abismo en movimiento que se parte por el medio. Es como un espíritu que se ve y se ahueca, está modelado y trabajado sin cesar por las manos crispadas del espíritu. Mientras tanto el espíritu siembra su fósforo. El espíritu está seguro. Tiene un pie bien apoya do en este mundo. El vientre, los senos, la granada, son como evidencias testimoniales de la realidad. Hay un pájaro muerto y hay un abundante surgimiento de columnas. El aire está plagado de golpes de lápices como de golpes de cuchillos, como de esquirlas de uña mágica. El aire está suficientemente alterado. Así donde germina una semilla de irrealidad se dispone en células. Las células se colocan cada una en su lugar, en abanico, rodeando el vientre, delante del sol más lejos del pájaro y sobre ese flujo de agua sulfurosa. Pero la arquitectura que sostiene y no dice nada es indiferente a las células. Cada célula contiene un huevo donde se destaca el germen. Repentinamente nace un huevo en cada célula. En cada uno hay un hormigueo inhumano pero límpido,las diversificaciones de un universo detenido. Cada célula contiene bien su huevo y nos lo ofrece; pero al huevo no le importa demasiado ser elegido o rechazado. Algunas células no llevan huevo. En algunas crece una espiral. Y en el aire cuelga una espiral más grande pero como azufrada, de fósforo todavía y cubiertade irrealidad. Y esta espiral tiene toda la relevancia del pensamiento más potente. El vientre lleva a recordar la cirugía y la Morgue, la bodega, la plaza pública y la mesa deoperaciones. El cuerpo del vientre parece tallado en granito o en mármol o en yeso, pero un yeso endurecido. Hay un casillero para una montaña. Las burbujas del cielo dibuja sobre la montaña una aureola fresca y translúcida. Alrededor de la montaña el aire es sonoro, compasivo, antiguo, prohibido. La entrada a la montaña está prohibida. La montaña tiene su lugar en el alma. Ella es el horizonte de algo que no deja de retroceder. Produce la impresión del horizonte infinito. Y yo describo con lágrimas esta pintura porque esta pintura me toca el corazón. En ella siento desplegarse mi pensamiento como en un espacio ideal, absoluto, pero un espacioque tendría una forma posible de ser insertada en la realidad. Caigo en ella del cielo. Y alguna de mis fibras se desata y encuentra un lugar en determinados casilleros. A ella regreso como a mi fuente, allí siento el lugar y la disposición de mi espíritu. El que ha pintado esa tela es el más grande pintor del mundo. A André Mason lo que es justo.
En algunas crece una espiral. Y en el aire cuelga una espiral más grande pero como azufrada, de fósforo todavía y cubierta de irrealidad. Y esta espiral tiene toda la relevancia del pensamiento más potente. El vientre lleva a recordar la cirugía y la Morgue, la bodega, la plaza pública y la mesa de operaciones.
Las burbujas del cielo dibujan sobre la montaña una aureola fresca y translúcida. Alrededor de la montaña el aire es sonoro, compasivo, antiguo, prohibido. La entrada a la montaña está prohibida. La montaña tiene su lugar en el alma. Ella es el horizonte de algo que no deja de retroceder. Produce la impresión del horizonte infinito."
martes 27 de noviembre de 2007
Spinoza ...Dios no es un titiritero...
Llevaban mucho tiempo sentados sin decir nada. Al final Sofía dijo
algo sólo para desviar los pensamientos de Alberto.
–Descartes debió de ser una persona muy singular. ¿Se hizo famoso?
Alberto respiró hondo un par de veces antes de contestar
–Ejerció una gran influencia. Lo más importante quizás fue la
Baruch Spinoza, que vivió de 1632 a 1677.
–¿Vas a hablar también de él?
–Así lo tenía planeado, sí. No nos dejemos detener por provocaciones militares.
–Soy todo oídos.
–Spinoza pertenecía a la comunidad judía de Ansterdam, pero
pronto fue excomulgado y expulsado de la sinagoga por
heterodoxo. Pocos filósofos en la era moderna han sido tan
calumniados y perseguidos por sus ideas como este hombre.
Incluso fue víctima de un intento de asesinato. La causa era sus
críticas a la religión oficial. Pensaba que lo único que mantenía
vivo tanto al cristianismo como al judaísmo eran los dogmas anticuados
y los ritos externos. Fue el primero en emplear lo que
llamamos una visión «crítico-histórica» de la Biblia.
–¡ Explícate!
–Negó que la Biblia estuviera inspirada por Dios. Cuando leemos
la Biblia debemos tener siempre presente la época en la fue escrita.
Una lectura crítica de este tipo también revelará una serie de
discrepancias entre las distintas escrituras. No obstante bajo la
superficie de las escrituras del Nuevo Testamento, nos
encontramos a Jesús, que muy bien puede ser denominado el
portavoz de Dios. Porque la predicación de Jesús representó
precisamente una liberación del anquilosado judaísmo. Jesús
predicó una religión de la «razón» que ponía el amor sobre todas
las cosas, y aquí Spinoza se refiere tanto al amor a Dios como al
amor al prójimo. Pero el cristianismo también quedó pronto
anquilosado en dogmas fijos y ritos externos.
–Entiendo que ideas como ésas no fueran fácilmente aceptadas por
las iglesias y sinagogas.
–Cuando la situación se agravó, Spinoza fue abandonado incluso
por su propia familia, que intentó desheredarle debido a su
heterodoxia. Lo paradójico es que pocos han hablado tanto a favor
de la libertad de expresión y de la tolerancia religiosa como
Spinoza. Toda esa oposición con la que se topó dio lugar a que
viviera una vida tranquila enteramente dedicada a la filosofía. Para
ganarse el sustento pulía vidrios ópticos.
Algunas de esas lentes
son las que están ahora en mi poder.
–Impresionante.
–Casi tiene algo de simbólico que viviera de pulir lentes, pues los
filósofos deben ayudar a los hombres a ver la existencia desde una
nueva perspectiva. Un punto de la filosofía de Spinoza es
precisamente ver las cosas Bajo «el ángulo de la eternidad ».
–¿Bajo el ángulo de la eternidad?
–Sí, Sofía. ¿Crees que serías capaz de ver tu propia vida en un
contexto cósmico? En ese caso tendrías que cerrar los ojos a ti
misma y a tu vida aquí y ahora...
–Hmm... no es fácil.
–Recuérdate a ti misma que sólo vives una minúscula parte de la
vida de toda la naturaleza. Tú formas parte de un contexto inmenso.
–Creo que entiendo lo que quieres decir.
–¿Eres capaz de captarlo? ¿Eres capaz de captar toda la naturaleza
de una vez... sí, el universo entero con una sola mirada.
–Depende. Quizás me hicieran falta algunos vidrios ópticos.
–No estoy pensando sólo en el inmenso espacio. También pienso
en un inmenso espacio de tiempo. Hace treinta mil años vivió un
niño en el valle del Rhin. Formaba una minúscula parte de la
naturaleza, un exiguo rizo en un mar inmenso.
De la misma manera vives tú Sofía, una minúscula parte de la vida de la
naturaleza. No hay ninguna diferencia entre tú v ese niño.
–Al menos yo vivo ahora.
–De acuerdo, pero precisamente era a ese tipo de pensamiento al
que deberías cerrar los ojos. ¿Quién serás tú dentro de treinta mil años?
–¿Ésa fue la heterodoxia?
–Bueno... Spinoza no sólo dijo que todo lo que existe es naturaleza,
también decía que Dios es igual a Naturaleza. Veía a Dios en todo
lo que existe, y veía todo lo que existe en Dios.
–Entonces era un panteísta.
–Cierto. Para Spinoza Dios no creó el mundo quedándose fuera de
su Creación. No, Dios es el mundo. A veces se expresa de una
manera un poco distinta. Afirma que el mundo está en Dios. Sobre
este punto se remite al discurso de San Pablo en el monte del
Areópago. «En Él vivimos, nos movemos v existimos», había
dicho San Pablo. Pero sigamos ahora el razonamiento del propio
Spinoza. Su libro más importante fue Ética demostrada según el orden geométrico.
–¿Ética... y método geométrico?
–A lo mejor suena raro a nuestros oídos. Con la palabra «ética», los
filósofos se refieren a la enseñanza de cómo debemos vivir para
conseguir la felicidad. Es en ese sentido en el que hablamos de la
ética de Sócrates y Aristóteles. Es en nuestros días cuando la ética
se ha visto reducida a ciertas reglas de cómo vivir para no molestar a los demás.
–¿Porque pensar en la propia felicidad es ser egoísta?
–Algo así, sí. Cuando Spinoza utiliza la palabra «ética» podría
traducirse tanto por «arte de vivir» como por «moral».
–Pero... «arte de vivir según el orden geométrico»?
–El método geométrico se refiere al lenguaje o la forma de
presentación. Acuérdate de que Descartes también quería emplear
el método matemático para la reflexión filosófica. Con esto quería
decir una reflexión filosófica construida sobre conclusiones rígidas.
Spinoza sigue esta tradición racionalista. En su ética quería mostrar
cómo la vida del hombre está condicionada por las leyes de la
naturaleza. Por ello debemos liberarnos de nuestros sentimientos y
afectos, para así encontrar la paz y poder ser felices, opinaba él.
–¿Pero no estamos determinados únicamente por las leyes de la naturaleza?
–Bueno, Spinoza no es un filósofo fácil de entender, Sofía. Iremos
por partes. Supongo que te acordarás de que Descartes opinaba que
la realidad está compuesta de dos sustancias claramente
diferenciadas, el «pensamiento» y la «extensión».
–¿Cómo podría haberlo olvidado en tan poco tiempo?
–La palabra «sustancia» puede traducirse por aquello de lo que
algo consta, aquello que en el fondo es o de lo que proviene.
Descartes hablaba pues de dos sustancias. Todo es «pensamiento» o «extensión», decía.
–No necesito que me lo repitas.
–Pero Spinoza no admitió esa distinción. Opinaba que sólo hay una
sustancia. Todo lo que existe proviene de lo mismo, decía. Y lo
llamaba «Sustancia». Otras veces lo llamaba Dios o Naturaleza.
Por lo tanto Spinoza no tiene una concepción dualista de la
realidad como la tenía Descartes. Decimos que es monista, lo que
quiere decir que reconduce toda la naturaleza v todas las
circunstancias de la vida a una sola sustancia.
–Difícilmente se puede estar más en desacuerdo.
–La diferencia entre Descartes y Spinoza no es tan grande como a
veces se ha dicho. También Descartes señaló que sólo Dios existe
por sí mismo. No obstante, cuando Spinoza equipara a Dios con la
naturaleza, o a Dios con la Creación, se aleja mucho de Descartes y
también de los conceptos judíos y cristianos.
–Porque en ese caso la naturaleza es Dios, y se acabó.
–Pero cuando Spinoza emplea la palabra «naturaleza» no sólo
piensa en la naturaleza extensa. Con «Sustancia», «Dios» o
«Naturaleza» quiere decir «todo lo que existe», también lo relativo al espíritu.
–Es decir «pensamiento» y «extensión».
–Pues eso. Según Spinoza, los seres humanos conocemos dos de
las cualidades o formas de aparición de Dios. Spinoza llama a estas
cualidades «atributos» de Dios, y esos atributos son precisamente
el «pensamiento» y la «extensión» de Descartes. Dios, o la
Naturaleza, aparece, bien como pensamiento, bien como materia
extendida. Puede que Dios tenga muchas más cualidades, además del pensamiento y la extensión,
pero sólo estos dos atributos son conocidos por los hombres.
–Vale, pero me parece una manera muy retorcida de decirlo.
–Sí, hay que utilizar martillo y cincel para penetrar en el lenguaje
de Spinoza. Por lo menos es un consuelo que uno al final encuentre
una idea tan cristalina como un diamante.
–La estoy esperando.
–Todo lo que hay en la naturaleza es por tanto pensamiento o
extensión. Cada uno de los fenómenos con los que nos
encontramos en la vida cotidiana, por ejemplo una flor o un poema,
constituyen diferentes modos del atributo del pensamiento o de la
extensión. Una flor es un modo del atributo de la extensión, y un
poema sobre esa misma flor es un modo del atributo del
pensamiento. Pero las dos cosas son en último término la
expresión de Sustancia, Dios o Naturaleza.
–¡Vaya!
–Pero sólo es su lenguaje lo que es complicado. Debajo de esas
formulaciones tan retorcidas hay una maravillosa consciencia tan
extremadamente sencilla que el lenguaje cotidiano no es capaz de explicar.
–A pesar de todo creo que prefiero el lenguaje cotidiano.
–Está bien. Empezaré por ti. Cuando te duele la panza, ¿quién sufre el dolor?
–Tú lo has dicho. Yo.
–Correcto. Y cuando más adelante piensas en aquella vez en que te
dolió la panza, entonces ¿quién piensa?
–También yo.
–Porque eres una sola persona que en un momento puede tener
dolor panza y en otro ser presa de una emoción.
De esa manera, Spinoza pensó que todas las cosas físicas que existen o acontecen
en nuestro entorno, son expresiones de Dios o de la Naturaleza.
Así, todos los pensamientos que se piensan son pensamientos de
Dios o de la Naturaleza. Porque todo es Uno. Sólo hay un Dios,
una Naturaleza o una Sustancia.
–Pero cuando pienso algo, soy yo quien pienso. Y cuando me
muevo soy yo quien me muevo. ¿Por qué mezclar a Dios en esto?
–Me gusta tu apasionamiento. ¿Pero quién eres tú? Eres Sofía
Amundsen, pero también eres la expresión de algo infinitamente
más grande. Puedes muy bien decir que tu piensas, o que tú te
mueves, ¿pero no puedes decir también que es la naturaleza la que
piensa tus pensamientos o que es la naturaleza la que se mueve en
ti? Es más bien una cuestión de la lente con que se mire.
–¿Quieres decir que no decido sobre mí misma?
–Bueno, a lo mejor tienes una especie de libertad para mover el
dedo meñique, si quieres. Pero ese dedo sólo puede moverse según
su naturaleza. No puede saltar de la mano o botar por la habitación.
De la misma manera también tú tienes tu lugar en el Todo, hija
mía. Eres Sofía, pero también eres un dedo en el cuerpo de Dios.
–¿De modo que es Dios quien decide todo lo que hago?
–O la naturaleza o las leyes de la naturaleza. Spinoza pensaba que
Dios, o las leyes de la naturaleza, son la causa interna de todo lo
que ocurre. El no es una causa externa, porque Dios se expresa
exclusivamente mediante las leyes de la naturaleza.
–No sé si veo la diferencia.
–Dios no es un titiritero que tira de todos los hilos y así decide todo
lo que ocurre. Un titiritero dirige a los títeres desde fuera y es por
lo tanto la «causa externa» de los movimientos de los títeres. No es
así como Dios dirige el mundo. Dios dirige el mundo mediante las
leyes de la naturaleza. De esa manera Dios o la naturaleza- es la
«causa interna» de todo lo que ocurre. Es decir que todo lo que
ocurre en la naturaleza ocurre necesariamente.
Spinoza tenía una visión determinista de la vida de la naturaleza.
–Me parece haberte oído decir algo parecido antes.
–Tal vez estés pensando en los estoicos. También ellos afirmaron
que todo ocurre necesariamente. Por eso era tan importante
responder a todo lo que sucede con una «serenidad
estoica». Los hombres no debían dejarse llevar por sus emociones. Ésta es
también, muy resumida, la ética de Spinoza.
–Creo que entiendo lo que quiere decir. Pero no me gusta pensar
que no decido sobre mí misma.
–Vamos a centrarnos de nuevo en aquel niño de la Edad de Piedra
que vivió hace treinta mil años. Conforme iba creciendo tiraba
jabalinas a los animales salvajes, amó a una mujer que se convirtió
en la madre de sus hijos, y además seguramente adoraba a los
dioses de la tribu. ¿Piensas que él decidía todo esto?
–No sé.
–O piensa en un león en África. ¿Crees que es él el que decide
vivir como una fiera? ¿Por eso se lanza encima de un antílope
cojo? ¿No debería haber decidido vivir como vegetariano?
–No, el león vive según su naturaleza.
–O, con otras palabras, según las leyes de la naturaleza. Eso lo
haces tú también, Sofía, porque tú también eres naturaleza.
Ahora podrás objetar, con el apoyo de Descartes, que el león es un animal
y no un ser humano con capacidad espiritual libre. Pero piensa en
un niño recién nacido. Llora y grita, y si no se le da leche se chupa
el dedo. ¿Tiene este bebé una voluntad libre?
–No.
–¿Entonces cuándo obtiene el niño la libre voluntad? A los dos
años corretea por todas partes señalando lo que hay a su alrededor.
A los tres da la lata a su mamá y a los cuatro de pronto le entra
miedo de la oscuridad. ¿Dónde está la libertad, Sofía?
–No lo sé.
–A los quince años se pone delante del espejo y hace pruebas con
el maquillaje. ¿Es ahora cuando toma sus propias decisiones
personales y hace lo que quiere?
–Entiendo lo que quieres decir.
–Ella es Sofía Amundsen, ya lo creo. Pero también vive según las
leyes de la naturaleza. Lo que pasa es que no se da cuenta de eso
porque hay muchas y muy complejas causas detrás de cada cosa que hace.
–No creo que quiera oír ya más.
–De todos modos has de contestar a una última pregunta.
Dos árboles de la misma edad crecen en un gran jardín. Uno de ellos
crece en un lugar con mucho sol y tiene fácil acceso a tierra
nutritiva y al agua. El otro árbol crece en una tierra mala en un sitio
de mucha sombra. ¿Cuál de los dos árboles crees que se hará más
grande? ¿Y cuál de los dos dará más frutos?
–Naturalmente, el árbol que ha tenido las mejores condiciones de crecimiento.
–Según Spinoza ese árbol es libre. Ha tenido una libertad total
para desarrollar sus posibilidades inherentes. Pero si es un
manzano no ha tenido posibilidad de dar peras o ciruelas. Lo
mismo ocurre con los seres humanos.
–Estoy a punto de resignarme.
–Spinoza afirma que sólo un ser que plenamente es la «causa de sí
mismo» puede actuar en total libertad. Sólo Dios o la naturaleza
presentan una actividad así de libre v «no casual ». Un ser humano
puede esforzarse por conseguir una libertad
que le permita vivir sin presiones externas.
Nosotros no decidimos todo lo que ocurre con nuestro cuerpo, que
es un modo del atributo
de la extensión. Tampoco elegimos lo que
pensamos. El hombre no tiene por tanto un «alma libre» que está
más o menos presa en un cuerpo mecánico.
–Eso me resulta un poco dificil de entender.
–Spinoza pensaba que son las pasiones de los seres humanos, por
ejemplo la ambición, el deseo, las que nos impiden lograr la
verdadera felicidad y armonía. No obstante, si reconocemos que
todo ocurre por necesidad, podremos lograr un reconocimiento
intuitivo de la naturaleza como tal. Podremos llegar a una vivencia
cristalina del contexto de todas las cosas,
de que todo es Uno. La meta es captar todo lo que existe
Hasta entonces no podremos alcanzar la máxima felicidad y
serenidad de espíritu. Esto fue lo que Spinoza llamó ver todo «sub specie aeternitatis».
–¿Y qué significa?
–”Ver todo bajo el ángulo de la eternidad». ¿No fue por donde empezamos?
–Y por donde tenemos que acabar. Me tengo que ir corriendo a casa.
Alberto se levantó y bajó a la mesa una gran fuente de fruta de la librería.
–¿No quieres una fruta antes de irte?
Sofía se sirvió un plátano. Alberto cogió una manzana verde.
Ella rompió la parte superior del plátano y empezó a quitar la cáscara.
–Aquí hay algo –dijo de repente.
–¿Dónde?
–Aquí... en la parte interior de la cáscara del plátano. Parece como
si estuviera escrito algo con rotulador negro...
Sofía se inclinó hacía Alberto para enseñarle el plátano.
«Aquí estoy de nuevo, Hilde. Estoy en todas partes, hijita. Felicidades.”
–¡Qué divertido! –dijo Sofía.
–Se vuelve cada vez más astuto.
–¿Pero no es... totalmente imposible? ¿Sabes si se cultivan plátanos en el Líbano?
Alberto dijo que no con la cabeza.
–No me lo comeré.
–Déjalo entonces. Una persona que escribe felicitaciones a su hija
en el interior de un plátano no pelado tiene que estar loco. Pero
también tiene que ser bastante listo...
–Sí, las dos cosas.
–¿Entonces podemos afirmar aquí y ahora que Hilde tiene un padre listo?
–Ya lo dije. Y entonces puede que sea él quien te hiciera llamarme
Hilde la última vez que estuve aquí. Puede ser él quien nos ponga
todas las palabras en la boca.
–No se debe excluir ninguna posibilidad. Pero hay que dudar de todo.
–Por lo que sabemos, puede que toda nuestra existencia sea un sueño.
–Pero no debemos precipitarnos. Todo puede tener una explicación más sencilla.
–Sea lo que sea, tengo que darme prisa. Mi madre me está esperando.
Alberto acompañó a Sofía a la puerta. En el momento en que se marchaba él dijo:
–Volveremos a vernos, querida Hilde.
Al instante siguiente, la puerta se había cerrado tras ella.
sábado 29 de septiembre de 2007
De las desventuras del Joven Werther
«Muchas veces se ha dicho que la vida es un sueño, y no
puedo desechar de mí esta idea. Cuando considero los
estrechos límites en que están encerradas las facultades
intelectuales del hombre; cuando veo que la meta de
nuestros esfuerzos estriba en satisfacer nuestras
necesidades, que éstas sólo tienden a prolongar una
existencia efímera; que toda nuestra tranquilidad sobre
ciertos puntos de nuestras investigaciones no es otra cosa
que una resignación meditabunda, y que nos entretenemos
en bosquejar deslumbradoras perspectivas y figuras
abigarradas en los muros que nos aprisionan; todo esto,
Guillermo, me hace enmudecer. Me reconcentro en mí
mismo y hallo un mundo dentro de mí; pero un mundo
más poblado de presentimientos y de deseos sin formular,
que de realidades y de fuerzas vivas
«Cuantos se dedican a la enseñanza convienen en que los
niños no saben darse cuenta de su voluntad; pero, por
más que para mí sea una verdad inconcusa, no creerán
muchos que los hombres como los niños, caminando a
tientas sobre la tierra, ignorando de dónde vienen y adónde
van, son poco menos que autómatas y, exactamente como
los niños, se dejan gobernar con juguetes, confites y
azotes.
«Te concederé desde luego (porque sé que me lo puedes
objetar) que los más felices son los que no se curan del
pasado ni del porvenir, los que pasean, visten y desnudan
su muñeca, y los que, dando cautelosas vueltas alrededor
del armario donde la madre ha encerrado las golosinas,
cuando logran atrapar el manjar apetecido, lo devoran a
dos carrillos y gritan: «¡Más!» Estas criaturas son
envidiables. También lo son las que, encareciendo con
títulos pomposos sus frívolas ocupaciones, o tal vez sus
pasiones, reclaman gratitud al género humano, como si
para su salud y su dicha hubieran llevado a cabo alguna
empresa gigantesca. ¡Feliz el que pueda vivir de este
modo! Sin embargo, el hombre humilde que comprende
adónde va todo a parar; el que observa con cuánta facilidad
convierte cualquiera su huerto en un paraíso, y con cuánto
tesón el infeliz que gime encorvado bajo el fardo de la
miseria prosigue casi exánime su camino, aspirando, como
todos, a ver un minuto más la luz del sol, está tranquilo,
crea un mundo, que saca de sí mismo, y también es feliz,
porque es hombre. Podrá agitarse en una esfera muy limitada;
pero siempre llevará en su corazón la dulce idea de
la libertad y el convencimiento de que saldrá de esta prisión
cuando quiera.»
Así se despachaba Werther en su carta del 22 de mayo...
su historia, un claro recorrido por las pasiones del ser humano en el intento
de alcanzar lo inasible, de posponer una realidad irrealizable para justificar un dolor;
el mas profundo sentido de amor a la vida...encontrar un sentido.
Mas el amor parece tampoco justificar la existencia.
El, descolocado en un pliegue ya doblado, el cual no podía manejar por su propia voluntad
decide renunciar a todo. A su amor, a la lealtad por su amigo, a su vida.
La muerte como único descanso concebido para la carne,
Su esencia, el cansancio del árbol...
Y el agua de los ríos sigue corriendo igual que ayer, igual que siempre
hay un orden imposible de modificar, lo que pertenece a la inmanencia siempre es eterno retorno de algún punto que nunca se gasta, no se cansa.
Y el ser se transforma, asumiendo la realidad, se desgasta
y pasa por los estados de transformación que sus propios limites dibujan.
La época define esos limites. Renuinciar es equiparable a muerte,
concepto de asceta que describe Schopenhauer
volver a ser niño, no depender de ninguna necesidad física.
RENUNCIA Es un acto eroico o cobarde como muchos afirman...
Para mi tiene una respuesta y no es precisamente la segunda.
Muchos son los que tienen comportamiento convencional
pensar colectivo pero nunca propio. La muerte no es nada.
sábado 15 de septiembre de 2007
Llagas de amor.
Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.
Este llanto de sangre que decora sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.
Son guirnaldas de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.
Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido con cicuta
y pasión de amarga ciencia.
(Federico García Lorca)
martes 11 de septiembre de 2007
En la noche terrible, sustancia natural de todas las noches,
En la noche de insomnio, sustancia natural de todas mis noches,
Recuerdo, velando en modorra incómoda,
Recuerdo lo que hice y lo que podía haber hecho en la vida.
Recuerdo, y una angustia
Se derrama por mí corno un frí6 del cuerpo o un miedo.
Lo irreparable de mi pasado: ¡ése es el cadáver!
Todos los otros cadáveres quizá sean ilusiones.
Todos los muertos quizá esten vivos en otra parte.
Todos mis propios momentos pasados quizá existan por ahí,
En la ilusión del espacio y del tiempo, En la falsedad del devenir
Pero lo que yo no fui, lo que yo no hice lo que ni siquiera soñe';
Lo que sólo ahora veo que debería haber hecho,
Lo que sólo ahora claramente veo que debería haber sido...
Es lo que está muerto más allá de todos los Dioses,
Eso -y fue al fin lo mejor de mí- es lo que ni los Dioses hacen vivir...
Si a cierta altura
Hubiese doblado hacia la izquierda en lugar de hacia la derecha;
Si a cierta altura
Hubiese dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí;
Si en cierta conversación
Hubiese tenido las frases que sólo ahora, en el entresueño, elaboro...
Si todo eso hubiese sido así, Sería otro hoy, y tal vez el universo entero
Sería llevado insensiblemente a ser otro también.
Pero no doblé hacia el lado irreparablemente perdido,
No doblé ni pensé en doblar, y sólo ahora lo percibo;
Pero no dije no o no dije sí,
que no dije; y sólo ahora lo veo
Pero las frases que faltó decir en ese momento
me surgen todas,
Claras, inevitables, naturales,
La conversación cerrada concluyente,
La materia toda resuelta...
Pero sólo ahora lo que nunca fue, ni será hacia atrás, me duele.
Lo que de veras fallé no tiene ninguna esperanza
En ningún sistema metafísico.
Puede ser que para otro mundo pueda llevar lo que soñé,
¿Pero podré llevar para otro mundo lo que me olvidé de soñar?
Esos sí, los sueños por tener, son el cadáver.
Los entierro en mi corazón para siempre, para
todo el tiempo, para todos los universos.
En esta noche donde no duermo, y el sosiego me cerca
Corno una verdad de la que no participo,y allá fuera la luna, como la esperanza que no tengo, es invisible
para mi.
sábado 18 de agosto de 2007
La vida Según Quino
... Pienso que la forma en la que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero, para salir de eso de una vez. Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí. Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación. Luego fiestas, parrandas, drogas, alcohol, diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estás listo para entrar a la secundaria... Después pasas a la primaria, y eres un niño(a) que se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo... Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo... !!!Eso sí es vida!!!!
(Quino)



